Desde que tengo uso de razón ya rondaba por casa siempre con un lápiz y papel o con las manos manchadas de óleo. En mi adolescencia aprendí las proporciones del cuerpo humano y el retrato realista en la academia de arte Ediart. Antes de los 20 años ya vendía retratos y poco a poco fui mejorando las técnicas de pastel, acuarela, sanguina, acrílico y especialmente el grafito. Hoy me defiendo en diferentes ambientes y texturas, disfruto con la acuarela y me apasiona el lápiz. Me divierto con la sanguina y nunca deja de asombrarme la cantidad de matices que proporciona el pastel, jugando con la infinidad de tonos que ofrece y la sencillez para integrarlos unos con otros.

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